lunes, 1 de diciembre de 2014

Amín Abel, asesinado otra vez

Por Alex Quezada

En cine, la palabra no debe suplantar a la acción; los personajes deben exponerse con el conflicto y el conflicto debe avanzar con el ritmo del montaje. cuando eso se logra de forma adecuada, el espectador queda atrapado. Ciudadano Kane, The Wild Bunch y JFK son obras cumbres de la cinematografía universal por que el montaje, ese elemento también conocido como edición, es una de sus mayores cualidades.  Exponer evasivas versiones de largos interrogatorios de un fiscal a varios sospechosos, por mas interés que tenga un guionista o director por denunciar a un régimen represivo como el del presidente Joaquín Balaguer, puede dañar la obra y aburrir a un público que ya tiene y conoce referentes narrativos logrados con maestría como los de 12 Angry Men, Apocalipsis Now, Goodfellas y Sospechosos Habituales.

Hemos hecho un ejercicio de tolerancia al enfrentarnos a 339 Amín Abel Hasbun, la película de Etzel Báez, quien de forma tediosa y extensa, hasta llevarnos al hastío, luce más interesado en releer oficios y memorándum, que en mostrarnos una pizca del accionar y el ideario del malogrado personaje, en sus pronunciamientos y luchas universitarias, en su interés por un cambio del estado socio-político en su momento vital. Y eso sí era necesario para suplir la información que orientaría al universo de espectadores que no saben por qué han ido a matar a ese hombre.

Los gobiernos de Balaguer, sobretodo el llamado periodo de los doce años (1966–1978), están llenos de historias factibles para ser llevadas al cine, pero estas deben hacerse sin el delirio obsesivo de guionistas y directores y sin estéticas pretenciosas y manipuladas que busquen crear metáforas que en su afán por denostar al gobernante, terminan luciendo como baratas utilerías teatrales mal puestas. Decorar de manera pulcra y ordenada, la humilde casa de la víctima y luego todo lo contrario en la oficina del fiscal, con archivos oxidados y desvencijados, con cuadros mal colgados, con biombos de lámparas doblados, es puro teatro de ideas baratas. Para que esas metáforas funcionen en cine hay que estudiar a Chaplin y Buñuel.

El problema de la película Amín Abel radica en su mala edición y concepción narrativa y en su mala fotografía, donde no parece haber tomas y encuadres planeados, y sólo se limitaron a encender la cámara. Aún así la cinta es salvable, solo basta remontarla. Es una historia donde lo único que brilla es el reparto de policías y el fiscal del allanamiento, pero donde la viuda embarazada (Margaux Da Silva), frente al fiscal (Pericles Mejía), se esfuerza más en leer su discurso contra el régimen gobernante, que en mostrar una emoción convincente.


Amín ha sido asesinado otra vez al desperdiciarse esta oportunidad que poco muestra sobre su persona, en una obra que, a mi entender, no contará con el buen rumor que  la recomiende a quien no la haya visto aún. 

1 comentario:

etzel baez dijo...

http://acento.com.do/2015/opinion/8213205-que-es-ser-critico-de-cine/