miércoles, 19 de noviembre de 2014

DOLARES DE ARENA: El reflejo de lo que somos mostrado en una buena cinta

(Por Alex Quezada)
alexquezada1@gmail.com

Si bien desde fuera, la República Dominicana es vista como paraíso de arena, sol y playa, también es cierto que en torno a esos atributos, se concentra la miseria humana, en donde miles viven historias que si todas se escribieran y lanzaran a la pantalla, se convirtieran en bofetadas capaces de borrarnos la sonrisa. Dólares de Arena, es un filme que nos retrata, reflejando con dureza esa franja que subsiste como mercancía de placer o zombies emocionales. Con sus personajes desarraigados, de miradas esquivas y diálogos evasivos, donde unos explotan y compran a otros que no tienen más alternativa inmediata que la de venderse al turista de turno.
Los directores Laura Amelia Guzman e Israel Cárdenas, dominicana y mejicano, respectivamente, han retornado a la provincia de Samaná en donde también enmarcaron parte de su película Jean Gentil, con sus lluvias y cocotales que cortan el viento, con su mar que ruge hasta convertirse en otro personaje y con el ruido habitual de motocicletas que van y vienen. Esta vez, el cancionero de bachatas, ya antológicas, de Ramón Cordero se proyecta en otra dimensión- incluso él mismo en pantalla- como banda sonora que subraya y complementa el anhelo y desgarro de unos personajes atrapados en un círculo vicioso.
Ya vista como un icono del cine universal, Geraldine Chaplin muestra sus pecas y arrugas, y se ha desinhibido, esta vez para interpretar a una turista francesa de preferencia lésbica, obsesionada con la joven pueblerina Noelí, (Yanet Mojica), quien ha accedido a las pretensiones de la primera y la utiliza como fuente de ingreso mientras sostiene otra relación con un holgazán joven de su mismo entorno y condición. El interés de la anciana por la joven, confrontará con otros eventos que entre tragos y bailes construyen una línea de decepción y reacciones, para ir afrontando la triste realidad de aquel círculo, captada con una efectiva fotografía de Jaime Guerra e Israel Cárdenas, que se erige como otro de los mayores valores de la cinta, constantemente acentuada con bachatas de la primera generación.
Si por muchos años nos quejábamos de que el llamado cine dominicano no había captado la identidad de lo que somos para llevarlo a la gran pantalla de manera convincente, esta vez se ha dado un gran paso. Dólares de Arena, coproducción con México y Argentina, tiene en esencia mucho de eso que somos, y de lo que muchos viven y hacen, como individuo o colectivo.
Esta historia, con un estilo de montaje que por momentos pasa de manera brusca entre un ambiente y otro, al igual que entre música, ruido y silencio, no es complaciente, no es una tarjeta postal de aquel paisaje paradisiaco, aunque esté ahí mostrado, más bien para establecer las cualidades y carencias de uno y otro. Estamos ante una gran película, conmovedora y penetrante. Ese es el buen cine, el que señala y pone el dedo en la llaga.

  

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