jueves, 3 de septiembre de 2015

Del músico y su cachucha. Una anécdota en torno a El Peje.

Por Alexis Méndez
Haciendo uso de las bendiciones de las redes sociales, me permito traer esta tinta a partir de una fotografía que encontré y una breve nota que la soporta. El pie se derramaba en halagos para Juan Carlos Rojas Castros, conocido como El Peje, virtuoso y respetado baterista cubano. El mismo hacía justicia, además de evidenciar la alegría del autor, al ver que el músico podía exhibir un Grammy, fruto de su trabajo realizado en el álbum Chucho Step´s de Chucho Valdés & The Afro-Cuban Mesenggers (2010). 

De la foto, un collage común, incluso de baja resolución, llamó mi atención que El Peje, en una de sus poses, llevaba consigo la cachucha de Jazz en Dominicana, el proyecto de Fernando Rodríguez de Mondesert, lo que en principio me impresionó gratamente, y posteriormente me llevó a gratos recuerdos. 

Así es. Es una mañana de sábado, en el tercer día de la versión 2010 del Dominican Repúblic Jazz Festival, nos encontrábamos un grupo de buenos amigos disfrutando del Sol y la arena de playa Cabarette. Estaba Josefina Velazquez, Darlina Torres, Eugenio Huot, Crispín Fernández y Fernando Rodríguez de Mondesert (En estos momentos me falla la memoria y no logro recordar si Jimmy Hungría también estaba).  Entre bocadillos, tragos y el humo de los cigarros de Eugenio y Fernando, las emociones brotaban al máximo, no solo por el amplio programa musical que habíamos disfrutado, sino por que el hecho de estar todos juntos, en el aquel entorno, nos relajaba, convirtiéndonos en protagonistas de una experiencia única. 

Pasaban y saludaban disferentes músicos; pero cuatro se quedaron a compartir con nosotros. Se trataba de Yaroldy Abreu, Carlos Miyares, Dreiser Durruthy Bombale y el mismo Peje. Todos mensajeros afrocubanos, que junto a Chucho, su hermana Mayra Caridad y otros músicos giraban por todo el mundo presentando un nuevo proyecto. 

No sé si por los lazos culturales y rasgos comunes, pero aquella cubanía desborda por los que allí llegaron se acomodó a nuestras dominicanadas. Fue el momento aprovechado por Fernando para obsequiarle a El Peje una gorras con el logo de jazz en Dominicana. De inmediato se la puso. Recuerdo que no volvió a quitársela el resto de la mañana. Se sentía feliz, lo que manifestaba entre comentarios bien recibidos por todos los presentes. 

Al ver la gorra de El Peje, Yaroldy pidió una a Fernando, pero en intercambio. Fue a su habitación y retornó con una memoria usb en la que habitaba un concierto del grupo en Barcelona, video del cual Rodríguez de Mondesert me ha manifestado que atesora y repite en su disfrute. 

Volvimos a verlo en la noche, junto a su Crew y luego con otros músicos con los que subió a tarima para unirse a Crispín y a la banda de Rodhen Santos. En ese momento tomó el timbal y en una salsa muy criolla repicó hasta el cielo, dando muestra de su dimensión como percusionista.

Es una anécdota que me saca la mejor sonrisa, la que se ha pontencializado al ver esta imagen. Definitivamente Fernando se las trae en su empeño de dar a conocer que somos más que merengue y bachata, que entre nosotros vive una forma de jazz muy particular, que se adapta a nuestras expresiones. El mejor ejemplo lo constituye aquel souvenir, que más que vender la marca Jazz en Dominicana, habla de toda una cultura musical latente en nuestra tierra. 

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