martes, 29 de julio de 2014

Aniversario de TELEMICRO contado por un televidente.

(Por Alex Quezada)
alexquezada1@gmail.com 

Tras una expectativa y publicidad generada durante cerca de tres meses, llegó el concierto aniversario del Grupo Telemicro, el sábado 26 de julio en el Centro Olímpico de Santo Domingo, el cual reuniría a diversos exponentes de la música.
Un apagón me impidió ver el comienzo; pero los comentarios que me llegaron dan cuenta de que la salsa se encargó de la apertura, así como lo hizo de la clausura, teniendo doble rol protagónico. Me cuenta que en el primer acto la Chiquito Team Band ensamblada como el grupo que acompañó a varias figuras locales del género, teniendo la misión de romper el tedio de la espera, desafiando la alta temperatura de la tarde.

Lo que si pude ver fue el desempeño en torno al merengue, bajo la dirección del maestro Dioni Fernández. El género dominicano salió airoso al aprovechar aquella plataforma multimedia para proyectarse una vez más junto al colorido despliegue de innovadores recursos técnicos puestos en escena. Imponente y con toda su experiencia frente a las masas, Wilfrido Vargas tuvo la responsabilidad de iniciar, entregando un medley de temas, varios de los cuales con edades que igualaban o superaban a muchos de los presentes, más eso no fue obstáculo para su disfrute, pues los mismos ya son parte indeleble del cancionero nacional.  

Promediando entre tres y cinco temas, de igual manera y sin contratiempo desfilaron las actuaciones de Milly Quezada, Kinito Méndez, Bonny Cepeda, Sergio Vargas, Fefita La Grande, Héctor Acosta, Miriam Cruz y Fernando Villalona. Mientras las pantallas desplegaban frases como Somos Alegría y Somos Dominicanos.

En este bloque vale destacar algunos puntos como la participación de Miguelito, el hijo de Milly, que si bien tiene manejo escénico en dúo junto a su madre, debió buscar tiempo para vestirse a la altura de aquel evento, pues como la historia se hace cada día, no sabemos cuando pueda volver a un escenario como ese y una buena foto sería un buen recuerdo. Por su parte, Sergio continuó intercalando temas de autores clásicos, como en esta ocasión, de Luís Kallaf o José Alfredo Jiménez; Kinito Méndez y Miriam Cruz serian los únicos en exponer temas nuevos; Bonny y su hermano Richie lucieron frescos con sus temas remozados; Fefita,  como siempre, coqueteó y exhibió su personalidad, esta vez sin su acordeón al pecho; mientras Fernandito, bandera en mano, se apoyó en ese recurso para tocar sensibles fibras en un gesto que siempre funciona bien y más aún cuando la producción despliega una gran bandera para cerrar el bloque, tras un derroche de euforia, algarabía y adrenalina de los asistentes, algo que se desplomó en el acto siguiente.

Ciertamente con el apagado del escenario principal, la sombra le hizo una mala jugada a la llamada propuesta urbana, pues sin músicos ejecutando instrumentos y solo apoyados en una secuencia o pista sobre la cual intervienen los vocalistas y sus coros, el acto no logró igualar el entusiasmo y colorido previamente vistos. Exponentes como La Nueva Escuela, Vakeró, Poeta Callejero, El Mayor, Mozart La Para, Chimbala y Don Miguelo, sin ningún recurso visual más que sus bailarines, lucieron minimizados ante aquel escenario. Si bien los primeros se ufanaron de la higienede sus letras, Vakeró, en un gesto previsible, besaría en tarima a su novia-bailarina. Esto es a lo que llamo su síndrome de Dr. Frankentein, pues a este le fascina crear monstruos que después lo destruirán.
El resto transcurrió en una rutina sin novedad; El Mayor, con excesivo amaneramiento, Mozart, con su fría entrada y vestuario conservador no generó mayor atractivo; Chimbala, ignorado y fugaz; y Don Miguelo, viniendo de una actuación internacional junto a Pitbull la semana pasada, pudo merecer mejor producción, pero todo quedó en un opaco relleno. Podría parecer un exceso, pero considero que a este grupo no le caería mal ver algunos montajes de grupos como Parliament, Pink Floyd o Pet Shop Boys, para que tomen algunos tips.

Seguiría Raulin Rodríguez, esta vez sin su guitarra habitual; con un mejor tratamiento, propio de su estatura y reputación como una de las principales figuras de la bachata. Con su aparición junto a su grupo, el escenario retomó su esplendor y colorido. El despliegue visual volvió a exhibir agilidad y dinamismo, pese al pésimo baile del artista que urge de par de lecciones para mejorar su desempeño escénico, limitación que también le observamos en la pasada entrega de premios Soberano.

Aún faltaba el bloque final de Salsa con la figura de Marc Anthony como el gran atractivo de la noche, pero antes de este vendrían las decisiones que han generado controversias entre quienes seguimos el concierto por televisión para apreciar mejor los detalles visuales; Las palabras del Sr. Juan Ramón Gómez Díaz, seguidas por el extenso despliegue de fuegos artificiales (con el tema de Mortal Kombat incluido) y luego el salsero boricua, impecablemente vestido de negro subiría a escena para ejecutar solo dos temas en pantalla (Dímelo y Valió la pena), y tras estos el súbito final. 
De inmediato especulamos que la fiesta seguiría en el Estadio, que el resto sería transmitido en otra ocasión, preferiblemente la navidad, para así la planta televisora no agotar todas sus municiones en una sola noche, lo cual consideramos muy válido en momentos de competencia.
Pero al correr las horas, la duda fue despejada por fuentes seguras que apuntaron que las negociaciones con el intérprete de “Vivir mi vida”, señalaba que solo se podían transmitir dos canciones.
Finalmente me sorprendió como algunos veteranos periodistas tomaron las redes sociales para expresarse sobre lo que han llamado un irrespeto al público televidente, dando muestra de su desconocimiento sobre el negocio televisivo en los últimos tiempos.
Felicidades al Grupo Telemicro.


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