jueves, 24 de junio de 2010

El siguiente escrito fue publicado en el suplemento
dominical “Espectáculos” del periódico “Hoy”,
el 28 de Marzo de 2004.
Quisimos reproducirlos en este blog, a propósito
de conmemorarse 75 años de la desaparición
física de Carlos Gardel.
“La muerte está tan segura de su victoria que te da toda una vida de ventaja”. (Anónimo).
(Por Alexis Méndez)
Un día como hoy, en el año 1935, Carlos Gardel partió desde los Estados Unidos hacia Puerto Rico. Allí fue recibido por más de dos mil personas. Era el comienzo de una gira: La última realizada por el Morocho.
Ese 28 de Marzo, Gardel inició una serie de conciertos en la “Isla del Encanto”. Tan grande fue el éxito, que tuvo que quedarse 22 días más, para seguir embriagando con su canto a los boricuas. Luego se fue en barco hacia Venezuela donde, en 12 días, repitió momentos de gloria. De la ciudad de Caracas viajó a Curazao y Aruba, y después tomó otro barco a Colombia, donde los laureles recibidos resultaron muchos para pensar detener aquellas presentaciones.
El 24 de Junio, el indiscutible rey del tango se dirigió a la ciudad de Cali, su última escala en su paso por Colombia, pero el aeroplano en que iba, tuvo que hacer una parada de aprovisionamiento en Medellín. En aquella ciudad, a las 3:10 de la tarde, cuando el avión inició la marcha, se le vio dirigirse hacia otro que esperaba su turno para despegar. Las naves se estrellaron, y Gardel y sus acompañantes murieron al instante.
Que fascinante hubiese sido si el destino brincara esos tres meses para que Gardel pudiera continuar su camino por esta vida. No se podría aguantar a los Gardelianos.
De seguro que la misma personalidad y creatividad de este artista lo llevaría a cultivar áreas de la música que traspasarían las fronteras del tango.
Un Carlos Gardel viviendo entre los años 40 y 50, época dorada del bolero, no escatimaría esfuerzos para conocer a Agustín Lara. Hoy estuviéramos disfrutando de una joya discográfica titulada “Gardel interpreta a Lara”. Consuelito Velásquez hubiese estado orgullosa de su bolero “Bésame Mucho”…imagínenlo en voz de Carlos Gardel.
Una década después hubiese interpretado “La Chica de Ipanema”, acompañado del mismo Jobím en el piano. “Gardel en Cuba” es otro álbum con el que hoy nos regocijaríamos, donde habría cantado con El Benny y con algunos filineros.
Ya en los 70s, con noventa y tanto años, Julio Iglesias lo hubiese sentado en un cómodo sillón para con él tomarse la foto del disco “Julio canta a Gardel”. En esa portada el cantante español lo estaría besando en la frente.
Pero todo eso queda en mi mente y ahora en las de ustedes, porque Gardel decidió irse de viaje. No hubo un familiar enfermo, ni una doncella que lo cautivara y lo llevara de parrandas, hasta que los contratantes suspendieran el tour.
No tuvo motivos para quedarse descansando. Pensó en el deber y se fue de gira para nunca regresar.

“Adiós muchachos compañeros de mi vida”
(Carlos Gardel).

¿Que significa ser Gardel?

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