miércoles, 27 de enero de 2010


(Alexis Méndez)
Soy de los que piensa que el trujillismo aún vive en el ADN de la sociedad dominicana. Y vivirá mientras el pueblo sienta temor por la policía y los militares, mientras cada dominicano, para todo lo que haga, piense que necesita un amigo o familiar “guardia” que lo proteja y le resuelva cualquier diligencia.

Así es. Si hay un legado que la funesta era de Rafael Leonidas Trujillo dejó, es esa forma de pensar en la que ubicamos a los militares como seres omnipotentes, como debe creerse ese que el pasado domingo, 24 de Enero, decidió que la actividad que desde hace dos años se realiza en las Ruinas de San Francisco, en la ciudad colonial, ya no se haría más. Estamos hablando de esos momentitos en los que el grupo Bonyé, unos amantes de la música, que entre sones, merengues y boleros, ponen a vibrar a cientos de personas que allí se reúnen.

Pero aquella tarde llegó una patrulla de la policía, sin una orden, si ninguna justificación, con el único aval de un mandato superior, y castrando el sano gozo que allí ha reinado.
Da pena que los permisos reglamentarios adquiridos por los organizadores, no sirvieran para nada. Es lamentable que para poder continuar con la actividad se haya tenido que pagar con la misma moneda, llamando a uno de mayor poder que el que dio la orden de suspensión y así ejercer el derecho que por ley les asiste a estos animadores culturales.
Pero más penoso, fue ver al público aplaudiendo cuando el jefe de la patrulla dijo que fue revocada la orden y que podían continuar. Y alguien hasta las gracias le dio.
Es un hecho que habla de la pobreza institucional de un país, y lo mal educado que están sus ciudadanos.

(fotos tomadas por Julio Virdes)

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