martes, 1 de septiembre de 2009

En una ocasión, Macho, un sastre de mi barrio que debió triplicarme la edad y con quien cultivé una sólida amistad, gracias a la música, salió en mi defensa ante los comentarios de uno de esos que llaman puristas del jazz, de esos que no admiten la palabra jazz si no se escucha dixieland, bebog o cool.
Recuerdo que irónicamente, Macho le respondió al tipo-lo que pasa es que a este pobre muchacho le entró el jazz por el patio-frase que me causó gracia porque efectivamente vengo del patio.
Y cuando hablo de patio, me refiero a la marginalidad social que conlleva vivir en un barrio-no importante en el país que te encuentres, la esencia es la misma-y al hecho de que de esa marginalidad, al igual que yo, surge la música que me permitió conectar con el jazz. También hablo de patio cuando ubico al Caribe frente al mundo: Y es que él es mi patio.
Por supuesto que el jazz me entró por el patio. Y el purista, que gozó su carcajada, entendió, despectivamente, que me entró por la parte de atrás. Pero tengo que decir que sea por delante o por detrás, me entró por mi realidad, que agrio, amargo o dulce, fue el vino que me tocó beber.
Y está claro que en mi patio, lo primero que sonó fue un tambor, con los mismos toques que planteó la orquesta de Machito y posteriormente Mongo Santamaría y Ray Barretto, por mencionar algunos nombres que insertaron las bases rítmicas y las improvisaciones afro caribeñas a las armonías jazzísticas.
Con estos toques se originó la fusión que denominada jazz latino, aunque el tiempo ha hecho del término algo más complejo, pues el jazz se ha fusionado con otras expresiones latinoamericanas, más allá de lo afro-caribeño, y eso también es jazz latino. Pero fueron los ritmos afrocubanos los primeros en cohesionarse, como fue la música cubana la primera en llamarse música latina en los Estados Unidos.
Difícilmente yo le llamo jazz latino o jazz afro caribeño. Suelo denominarlo “mi jazz”, o “nuestro jazz” si en plural es la cosa. Es el mismo, cuyas melodías me trasportaron al conocimiento de la obra de los grandes maestros. Es el que me permitió, en primera instancia, entender la libertad y los viajes siderales que ha aportado la llamada música de los músicos a mucha de las músicas populares del mundo.
(Alexis Méndez).

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