lunes, 17 de agosto de 2009

Vive en el alma de esos dominicanos que el pasado sábado abarrotaron el teatro “La Fiesta” del Hotel Jaragua para disfrutar de dos leyendas que son protagonistas de la época de oro de este estilo musical, y que aún continúan en escena, rememorando esos años gloriosos en que la música fue el pretexto para resaltar la identidad latina.
Con Cheo Feliciano e Ismael Miranda, se rompió aquel tabú que dice que la salsa solo tiene cabida entre los barrios de Santo Domingo. Y es que se demostró que los grandes escenarios dominicanos no solo están dispuestos para las empalagosas y repetitivas presentaciones de Gilberto Santa Rosa y Marc Anthony. Ahí esta el ejemplo, esa noche vimos que la salsa vive, y también el bolero, que enmarcó momentos inolvidables en los que la gente cantó, lloró y se sonrojó…y hasta propuestas de matrimonio hubo.

Momento en que Cheo canta "Amada mía". La chica que lo acompaña np solo fue premiada con la interpretación, sino que su novio aprobechó el moemto para entregarle una sortija de compromiso y pedirle que se casen.



Ismael Miranda demostró que es un sonero de tablas. Su voz se mantien como en exelente condiciones.



La orquesta de Rafaél Labasta estuvo a la altura de los intérpretes boricuas.
El espectáculo inició a las 10:15, con una voz que presentó al maestro Rafael Labasta, músico dominicano, que en la historia de la salsa tiene lo suyo. Su orquesta, compuesta por músicos del patio, puso la alfombra, con el tema “Anabacoa”, una interpretación que desde los primeros compases, encantó a los presentes. Y no es para menos, la orquesta que armó Labasta estuvo a la altura de Cheo e Ismael, con músicos de sobrado talento, entre los que se destacó el pianista Leo Pimentel, que en más de una ocasión se puso las botas de Larry Harlow, Eddie Palmieri y Papo Lucca, en diferentes "solos" que fueron del agrado del público y de los soneros boricuas-Leo Pimentel tiene pimienta-gritó Cheo, dos veces.
Terminado “Anabacoa”, se cerró el telón y volvió a escucharse la voz, que en esta ocasión presentó a Ismael Miranda. Entonces Labasta pasó la batuta a Luís García, trecero puertorriqueño y director musical, para que la banda iniciara con “Señor Sereno”. De inmediato la gente se paró de sus sillas y acudió a saludar al llamado “Niño bonito de la salsa” quien toda la noche se la pasó extendiendo su mano y autografiando discos, mientras soneaba.
El segundo tema de Ismael fue “Borinquen tiene montuno”. Este rompió el hielo y puso a la gente bailar-Esto es bailable-grito Miranda, recibiendo la respuesta de una manada de bailadores que no paró los pies hasta el final de la noche.
Continuó el bolero “La cama vacía”, para seguir con “Careta”, No me digas que es muy tarde ya”, “Las 40”, Me voy ahora (este cantado a capela), “Así se compone un son”, “Que quieres tú de mí”, “Cipriano Almentero” y “Maria Luisa”.
Aquel repertorio dejó a la gente excitada, la que desbordó entusiasmo cuando tocó el turno a Feliciano. Luego de un interludio merenguero realizado por la orquesta, inició la segunda parte del show. El bolero “Juguete” del compositor Bobby Capó marcó la entrada del más sonero de los románticos y el más romántico de los soneros, quien, desde el público, sorprendió cuando salió cantando. Luego continuó el mosaico “Ritmo Alegre”, con los temas “Tenía que ser así” y “Consuélate como yo”. El tercero fue “Canta” de la autoría de Rafael Hernández, con el que Cheo demostró su capacidad para manejar al público, que se integró al tema. Lo que siguió fue un mosaico que recordó los tiempos del Sexteto de Joe Cuba, con “A la seis” y “Nina”. Luego llegaron “Tu mi delirio” de Cesar Portillo de la Luz, “Los entierros”, “Amada Mía”, “Contigo aprendí”, “El Ratón” y un mosaico con los temas “El día que me quiera” y “Busca lo tuyo”, ambos grabado con Eddie Palmieri.
Con la adrenalina en alto, se cerró el telón, y luego de una algarabía Cheo volvió con el bolero “Inolvidable” el cual dedicó a la memoria de su padrino inicial, el gran Tito Rodríguez. Finalmente, llegó “Anacaona”, al que se unió Ismael Miranda para coronar la noche con un rosario de improvisaciones, aupados con risas y aplausos de un teatro que merecidamente se rindió a los pies de dos reyes salseros, que después de 4 décadas siguen poniendo en alto la música que representa a la colectividad latina.

1 comentario:

Armando Julio dijo...

Rafael Labasta, Extraordinario musico Dominicano, y Panameño de adopción. Acá en Panamá donde se radicó, su orquesta hasta el día de hoy es un icono, de la Salsa.
Cuanto me alegra saber que aun hoy día, su talento sea reconocido y valorado en su justa dimensión.