miércoles, 28 de septiembre de 2011

Estudiosos de la música opinan sobre la bachata-jazz de Miguel Andrés Tejada

Darío Tejeda Director

Director del Instituto de Estudios Caribeños (Inec), autor de "La bachata" " La pasión danzaría".

Entre copas, de Miguel Andrés Tejada, es un tema que habla por sí solo: él mismo es un diálogo. El sonido del bongó bachatero, herencia asimilada del son con la clave de por medio, cual suave grito descarnado entabla un diálogo contrapuntístico con la enternecida voz del piano, que en su melodía por momentos nos retrotrae a la añoranza del bolero, y en otros al ímpetu del deseo en el jazz. En la segunda parte, la presencia del cha cha cha trueca el intercambio con la intervención moderada de la trompeta teniendo como interlocutores, además de un piano regocijado, la contentura de la conga y el timbal, que desplazan la melancolía al terreno de una celebración. Lo curioso es que esta tiene de fondo una fantasía: en otras palabras, es la manifestación de un deseo irrealizable. Y acaso en eso consiste, precisamente, la bachata. La hibridación de estos lenguajes musicales manteniendo el carácter unitario de la pieza (una especie de “unidad en la diversidad”, característica esencial de las fusiones musicales) hace de Entre copas un esmerado trabajo de composición en materia de música popular. El tema es una bachata jazz que entra en el campo de lo que he denominado la neobachata, que ya tiene un cuarto de siglo de andadura en el lar musical dominicano, pero agregándole matices y colores hallados por Miguel Andrés en las armonías del jazz moderno.


Sydney Hutchinson

Profesor asistente de Etnomusicology, Syracuse University

En su nueva composición, "Entre Copas", Miguel Andrés Tejada da un paso importante en el desarrollo de un género de la música experimental dominicana, que comenzó a crecer en los sonidos quejumbrosos de la guitarra en la música que hoy conocemos como Bachata. La primera mitad de "Entre Copas" es quizás la más innovadora. Aquí, la tradicional guitarrade la bachata toma un segundo plano frente al piano de Tejada, del mismo modo, las partes de percusión tan importantes para este género secundan la melodía y la armoníaquienes asumen el protagonismo. La ejecución del piano es fluida y precisa rítmicamente, tomando a menudo el rol del cantante. El estilo cantable del piano de Tejada se ve reforzado mas adelante por la adición de un vocalista en “scat” al unísono con la melodía de la mano derecha. Mientras que el bongó proporciona el patrón rítmico básico de la bachata, el piano contrasta con su progresión de acordes atípicos, para luego, exitosamente, llevar la pieza a su segunda sección en donde introduce un nuevo ritmo e instrumentación.

En la segunda mitad, el conjunto de la bachata se sustituye por los sonidos de un grupo de salsa: congas y timbales sustituyen los bongos y la clave, el güiro reemplaza el sonido de las maracas. A seguidas el cantante entra con sus inspiraciones en estilo depregunta-respuestacon el coro, y el piano y el bajo ejecutan su montuno y tumbao sobre los instumentos de metal al estilo salsa Newyorkina. Tejada ejecuta breves pero innovadoras improvisaciones: uno puede imaginar el escenario de un solo de piano explosivo al estilo de Papo Lucca en una actuación en vivo, sin embargo. El autor dominicano Darío Tejeda describe la obra como un "diálogo", y ciertamente lo es. Pero en lugar de ser entre el bongo y el piano, como se imagina (el bongó es efímero en todo caso), pienso que este dialogo es entre el pasado y el presente. Casi 20 años después de "Señales de Humo", Tejada recrea la bachata para un público de jazz.



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