martes, 24 de noviembre de 2009

(Por Alexis Méndez)
El pasado lunes, 23 de noviembre, leí un artículo que mi amigo Manuel Eduardo Soto escribió para el prestigioso diario Nuevo Herald de Miami en el que se refiere a la felicidad de los dominicanos. Es un escrito con el que estoy de acuerdo, sobretodo porque Manuel mira un juego de dominó desde afuera y eso lo hace ver todas las jugadas. Y es que el veterano periodista lleva varios años moviéndose a todos los rincones del país, quizás más que muchos criollos que han cargado con limitantes demográficas y sociales.
Y quizás la respuesta a esa clave de la felicidad, que apunta Manuel Eduardo, está en un comentario que escuché dos días antes de leer sus líneas, en una conferencia que se dio acabo en el Centro Cultural Eduardo León Jimenes: Ese sábado, atendiendo a la invitación de La Asociación de Cronistas de Artes, presencié las disertaciones de los periodistas Huchy Lora y Rafael Chaljub Mejía sobre la supervivencia del merengue. Y precisamente esa felicidad que nos brota y de la cual el Nuevo Herald se ha hecho eco, fue uno de los puntos centrales de aquel encuentro.
Huchy, cuya pasión por el merengue típico lo ha mantenido investigando todo lo concerniente a nuestro ritmo, se refirió al Acordeón como causante de dicha felicidad. Habló de las limitadas posibilidades del instrumento de origen alemán, en el cual solo se pueden tocar tonos mayores. "Pero esas limitaciones, reflexionó Lora, se convirtieron en una bendición, pues los tonos mayores son los que denotan alegría" (Aunque muchos tildan de inducida y subjetiva esa teoría, se ha comprobado que los tonos menores alegran a los seres humanos, y de igual manera los menores traen la melancolía).
Si tomamos en cuenta el hecho de que el merengue es, posiblemente, el símbolo más fuerte de la identidad dominicana, entonces por ahí encontramos la razón de ser de ese país fiestero que todos señalan, en bien o en mal.
A pesar de que el merengue, al volverse citadino, abrió su abanico melódico y armónico, impuso ese esquema, y aunque los hay en tonos menores, los de tonos mayores son los más representativos y los que más abundan en nuestro repertorio.
Yo estoy convencido de que este es un pueblo alegre, que como escribió otro amigo, Enrique Romero, baila el dolor. Y el merengue pudiera se el responsable de que nuestra gente, a pesar de los políticos ciegos, sordos y mudos (menos en campaña), baile; tal vez por el merengue, nuestros hombres y mujeres, a pesar de la crisis energética, la carestía de alimentos y la aguda inequidad, canten. Por eso, a pesar de que el clima caluroso y la crisis económica se oponen, vivimos empujando la Navidad desde Octubre, y precisamente lo hacemos con merengueando.
El dominicano podrá ser todo lo que quieran los demás, pero nadie le puede arrebatar nuestro espíritu de juerga y la sonrisa, que a veces no se refleja en el rostro, pero vive tatuada en el alma. Quizás el merengue es el culpable.

Leer Articulo ¨Los dominicanos tienen su clave de la Felicidad¨AQUI.

No hay comentarios: