Junto con la tradicional celebración del nacimiento del Niño Jesús, llegan nuestras particularidades. Son códigos que justifican cada fiesta de fin de año y que moldean la identidad de nuestra gente. Sale a flote la buena vecindad. La estreches nos saca de las casas y la calle se convierte en terraza de todos, donde se toman tragos y entre ventanas circula la comida que reafirma confraternidad. Todos saludan a Juanita, quien tiene años viviendo en el extranjero. A ella le sobran agallas para trabajar y sacar de la pobreza a su familia. Pero este diciembre decidió hacer una pausa para disfrutar con sus seres queridos, y por que no, con todo el barrio. Con ella está el vecino que nunca habla y que esa noche, aupado por el ron, hasta con sus codos dio un discurso. Y en un rincón, alguien llora la primera Noche Buena sin su madre. Son historias que nos sirven de argumento para crear un singular repertorio de sones, cumbias, merengues, bachatas, porros, gaitas, plenas,...